Muchas veces se piensa que la terapia de pareja es sólo para situaciones graves: cuando ya no hay vuelta atrás y se convierte en la última carta antes de la separación. También se asocia a contextos complejos como el maltrato, infidelidad o el descubrimiento de deudas u otras situaciones que afectan profundamente el vínculo.
Y es cierto que en estos casos la terapia puede ser de gran ayuda. Aporta un espacio para detener patrones nocivos, buscar formas de reparación, trabajar en la resolución del daño y reestablecer aspectos deteriorados de la relación. Siendo el objetivo final el ampliar la mirada sobre lo que ha ocurrido y comprender, con mayor profundidad, lo que subyace tras lo que no se ha podido resolver.
Sin embargo, muchas parejas llegan a terapia cuando ya es muy tarde: cuando el conflicto se ha cronificado, la relación está desgastada, las energías se han debilitado y las posiciones se han rigidizado. En algunas ocasiones es posible generar un cambio, pero en otras no. En esos casos, la esperanza está en lograr una separación respetuosa y colaborativa, aunque a veces incluso eso resulta difícil.
Por eso creo firmemente que la terapia de pareja debería ser vista también como una herramienta preventiva: un espacio de encuentro, conocimiento mutuo, crecimiento y nutrición del vínculo.
¿En qué situaciones puede ser útil ir a terapia de pareja, incluso sin una crisis evidente?
- Cuando es difícil hablar de ciertos temas sin terminar peleando.
- Si sentimos que estamos solos/as dentro de la relación.
- Cuando nuestras formas de criar chocan constantemente.
- Si el deseo sexual ha cambiado y no sabemos cómo abordarlo.
- Cuando las conversaciones sobre dinero generan frustración o tensión.
- Si aceptamos al otro, pero nos duele que no cumpla con lo que hemos acordado.
La terapia ofrece un espacio seguro y acogedor para abrir estos temas antes de que se vuelvan más complejos o generen heridas que podrían evitarse.
¿Qué podemos trabajar en un proceso terapéutico?
- Profundizar y actualizar el conocimiento que tenemos del otro: las personas cambian, y es importante reencontrarnos en esos cambios.
- Mejorar la forma en que nos hablamos y nos escuchamos.
- Hacer una pausa para conectar de forma más consciente.
- Detectar a tiempo malentendidos o conflictos incipientes.
Las parejas que priorizan su vínculo, que lo cuidan y le dan espacio, no solo experimentan mayor bienestar, sino que también están mejor preparadas para enfrentar crisis importantes cuando éstas se presentan.
¿Cómo es la terapia de pareja que ofrezco?
En mi trabajo terapéutico, genero un espacio para conocer la historia personal de cada integrante de la pareja. Entender de dónde viene cada uno ayuda a contextualizar quién es y por qué reacciona como lo hace.
En los casos que lo requieren, propongo materiales de lectura para trabajar en conjunto: herramientas para mejorar la comunicación, validar emociones, resolver conflictos o reflexionar sobre aspectos que necesitan ser mirados con más calma.
También trabajamos con preguntas que invitan a la reflexión y al cambio.
Cada proceso tiene un ritmo propio: en algunos casos se abordan temas puntuales en pocas sesiones, y en otros se genera un acompañamiento más sostenido, respetando los tiempos de cada quien.
Ir a terapia de pareja es un acto de cuidado
Cuidar la relación antes de que duela es una muestra de compromiso y amor. La terapia no es solo un lugar para reparar, sino también para cultivar. Ir a tiempo puede hacer una gran diferencia.